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El Riesgo de la Comodidad
La otra noche vi junto a mi papá, uno de los tantos programas del Canal del Descubrimiento que terminan dejándote inmerso en la perplejidad misma. El de esta ocasión trataba de unas casas de Suiza (o Suecia…me confunden…) que reflejan fielmente el orgullo de ese país por su profunda y cotidiana telecomunicación.
Con el tiempo hemos visto una serie de anuncios que cada vez más fuerte publicitan con bombos, platillos y fuegos artificiales los productos “que la llevan” en el mundo de la electromoda: celulares que muestran partidos de fútbol en sus pantallas, monitores de PC que se amoldan cual marionetas a tu posición, automóviles que te muestran vía satelital las rutas menos congestionadas, en fin, la lista es larga. Si con los avisos y campañas que vemos en Chile han dicho “ya no sé qué podrían inventar…llegaron al límite” pues entonces… retráctense!!, porque apenas sabemos acerca de unas cuantas gotas del océano tecnológico.
Ocurre en estos países nórdicos que las casas de los Supersónicos son cada vez una realidad más cercana. ¿Se imaginarían que si alguien llama al timbre de su casa mientras usted está en la oficina, puede atenderlo y abrirle la puerta del garage, ver mientras deja los libros que fue a devolverle, dejar que salga y cerrar el garage con llave, todo desde su oficina? Pues para la sorpresa de muchos (me incluyo) sí se puede.
Otro ejemplo: en el refrigerador tiene una pantalla de esas que funcionan sólo tocándolas; usted tiene que cocinar algo que ni siquiera tiene idea… la decisión le harta… qué hace? vaya a la famosa pantallita y vea las diversas sugerencias culinarias…qué…no tiene la receta?… no hay problema! seleccione el menú y la obtendrá… cómo… acaso su imaginación se limita al mundo de los calcetines de 31 minutos?… no se preocupe! vaya otra vez a la pantalla y verá un video en el que un chef profesional le enseñará paso a paso a cocinar las condenadas patas de ternera.
Uno de los casos que más me llamó la curiosidad fue una maquinita verde del porte de una mantaraya pequeña, que se encargaba diariamente de cortar el pasto sin que nadie se lo pidiera, jamás pasaba de sus límites, así que no había peligro de que aniquilara las flores que con tanto cariño usted cultivó en el jardín. Y cuando la batería está por acabarse, va cual perrito faldero al sitio donde se guarda para alimentarse con energía.
Pero la tecnología hogareña no sólo se limita a recibir visitas, cocinar o jardinear, también tienes la posibilidad de, apenas tu casa “siente” la presencia humana, adecuar la temperatura ambiente y luminosidad, o la calefacción acorde a la velocidad del viento y la luz solar.
De inmediato pensamos con mi papá que si bien tienes una gama impresionante de comodidades a tu disposición, el riesgo que se corre al dejar a merced de computadoras y microchips muchas de tus funciones humanas, desde lo que comes hasta tu seguridad, es bastante aterrador. Tan sólo imagina qué pasaría si todas las tecnologías que gobiernan las metrópolis colapsaran al unísono por algo tan simple como un corte de energía… todo se iría al reverendo carajo…
Quizás terminemos viviendo como los Amish, que sólo funcionan en base a lo que sale de sus manos, nada de teclas, ni antenas o cualquier indicio de tecnología alguna, el día en que las máquinas nos aten las manos y limiten la emoción de nuestras vidas a la de una hoja de lechuga.
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El Tesoro Escondido
Ayer me iba por el metro desde la universidad, cuando el frío que ya me daba jaqueca me obligó a ver el paisaje para distraerme, ahí fue cuando recién me percaté que lo que dice nuestro himno es absolutamente cierto: “majestuosa es la blanca montaña”, el espectáculo que estaba apreciando me dejó hipnotizada, jamás vi la cordillera tan hermosamente nevada, la cubría un tul blanco por doquier, me puse a pensar en si sería capaz alguien de vivir entre esos rincones de hielo y recordé que sí, hay muchos intrépidos que dan la cara día a día en esos lugares inhóspitos para la realidad santiaguina.
Mientras observaba este fresco de la naturaleza, vi entre los recovecos de algunas cumbres, una pequeña zona que recibía con orgullo unos cuantos rayos de sol, como si fuera una verdadera joya dentro de la cordillera. En ese instante, cuando ya la magia superaba mi imaginación, sentí el agridulce sabor de la pequeñez humana, más aún de su ignorancia, pues pensé en cuántas veces habré desperdiciado la primera fila en una presentación de este tipo. También reflexionaba acerca de cuántas cosas en la vida traen un tesoro escondido que quizás jamás lograremos descubrir, siendo que está literalmente a nuestra vista. Quienes más deben saberlo son aquellos locos atrevidos que viven como algo cotidiano esta magia de la que les hablo, esta magia que penetra a todos tus sentidos y te deja en la retina su imagen, aunque saben… creo que hasta ellos mismos se asombran, día a día, lo que explica quizás el porqué adoran tanto el lugar en el cual viven.
Desde ahora creo que dejaré de ver sin observar, porque no tiene sentido que si la maravilla se presenta ante tus ojos en forma sutil la dejes pasar como si se tratara de algo insignificante. Por lo menos a mi parecer, todos buscamos de alguna forma sentirnos encantados por algo o a veces alguien, y qué mejor que gozar del aroma de la tierra húmeda, sentirse abrazados por los rayos de sol, dejarnos llevar por un espectáculo al cual todos estamos invitados tan sólo porque somos seres vivos.









