El Riesgo de la Comodidad

Publicado el 12. Jul, 2003 por Li en Posts

La otra noche vi junto a mi papá, uno de los tantos programas del Canal del Descubrimiento que terminan dejándote inmerso en la perplejidad misma. El de esta ocasión trataba de unas casas de Suiza (o Suecia…me confunden…) que reflejan fielmente el orgullo de ese país por su profunda y cotidiana telecomunicación.

Con el tiempo hemos visto una serie de anuncios que cada vez más fuerte publicitan con bombos, platillos y fuegos artificiales los productos “que la llevan” en el mundo de la electromoda: celulares que muestran partidos de fútbol en sus pantallas, monitores de PC que se amoldan cual marionetas a tu posición, automóviles que te muestran vía satelital las rutas menos congestionadas, en fin, la lista es larga. Si con los avisos y campañas que vemos en Chile han dicho “ya no sé qué podrí­an inventar…llegaron al lí­mite” pues entonces… retráctense!!, porque apenas sabemos acerca de unas cuantas gotas del océano tecnológico.

Ocurre en estos países nórdicos que las casas de los Supersónicos son cada vez una realidad más cercana. ¿Se imaginarían que si alguien llama al timbre de su casa mientras usted está en la oficina, puede atenderlo y abrirle la puerta del garage, ver mientras deja los libros que fue a devolverle, dejar que salga y cerrar el garage con llave, todo desde su oficina? Pues para la sorpresa de muchos (me incluyo) sí se puede.

Otro ejemplo: en el refrigerador tiene una pantalla de esas que funcionan sólo tocándolas; usted tiene que cocinar algo que ni siquiera tiene idea… la decisión le harta… qué hace? vaya a la famosa pantallita y vea las diversas sugerencias culinarias…qué…no tiene la receta?… no hay problema! seleccione el menú y la obtendrá… cómo… acaso su imaginación se limita al mundo de los calcetines de 31 minutos?… no se preocupe! vaya otra vez a la pantalla y verá un video en el que un chef profesional le enseñará paso a paso a cocinar las condenadas patas de ternera.

Uno de los casos que más me llamó la curiosidad fue una maquinita verde del porte de una mantaraya pequeña, que se encargaba diariamente de cortar el pasto sin que nadie se lo pidiera, jamás pasaba de sus límites, así que no había peligro de que aniquilara las flores que con tanto cariño usted cultivó en el jardí­n. Y cuando la baterí­a está por acabarse, va cual perrito faldero al sitio donde se guarda para alimentarse con energí­a.

Pero la tecnología hogareña no sólo se limita a recibir visitas, cocinar o jardinear, también tienes la posibilidad de, apenas tu casa “siente” la presencia humana, adecuar la temperatura ambiente y luminosidad, o la calefacción acorde a la velocidad del viento y la luz solar.

De inmediato pensamos con mi papá que si bien tienes una gama impresionante de comodidades a tu disposición, el riesgo que se corre al dejar a merced de computadoras y microchips muchas de tus funciones humanas, desde lo que comes hasta tu seguridad, es bastante aterrador. Tan sólo imagina qué pasarí­a si todas las tecnologí­as que gobiernan las metrópolis colapsaran al uní­sono por algo tan simple como un corte de energí­a… todo se irí­a al reverendo carajo…

Quizás terminemos viviendo como los Amish, que sólo funcionan en base a lo que sale de sus manos, nada de teclas, ni antenas o cualquier indicio de tecnologí­a alguna, el dí­a en que las máquinas nos aten las manos y limiten la emoción de nuestras vidas a la de una hoja de lechuga.

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