El Tesoro Escondido

Publicado el 09. Jul, 2003 por admin en Posts

Ayer me iba por el metro desde la universidad, cuando el frío que ya me daba jaqueca me obligó a ver el paisaje para distraerme, ahí fue cuando recién me percaté que lo que dice nuestro himno es absolutamente cierto: “majestuosa es la blanca montaña”, el espectáculo que estaba apreciando me dejó hipnotizada, jamás vi la cordillera tan hermosamente nevada, la cubría un tul blanco por doquier, me puse a pensar en si sería capaz alguien de vivir entre esos rincones de hielo y recordé que sí, hay muchos intrépidos que dan la cara día a día en esos lugares inhóspitos para la realidad santiaguina.

Mientras observaba este fresco de la naturaleza, vi entre los recovecos de algunas cumbres, una pequeña zona que recibía con orgullo unos cuantos rayos de sol, como si fuera una verdadera joya dentro de la cordillera. En ese instante, cuando ya la magia superaba mi imaginación, sentí el agridulce sabor de la pequeñez humana, más aún de su ignorancia, pues pensé en cuántas veces habré desperdiciado la primera fila en una presentación de este tipo. También reflexionaba acerca de cuántas cosas en la vida traen un tesoro escondido que quizás jamás lograremos descubrir, siendo que está literalmente a nuestra vista. Quienes más deben saberlo son aquellos locos atrevidos que viven como algo cotidiano esta magia de la que les hablo, esta magia que penetra a todos tus sentidos y te deja en la retina su imagen, aunque saben… creo que hasta ellos mismos se asombran, día a día, lo que explica quizás el porqué adoran tanto el lugar en el cual viven.

Desde ahora creo que dejaré de ver sin observar, porque no tiene sentido que si la maravilla se presenta ante tus ojos en forma sutil la dejes pasar como si se tratara de algo insignificante. Por lo menos a mi parecer, todos buscamos de alguna forma sentirnos encantados por algo o a veces alguien, y qué mejor que gozar del aroma de la tierra húmeda, sentirse abrazados por los rayos de sol, dejarnos llevar por un espectáculo al cual todos estamos invitados tan sólo porque somos seres vivos.

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