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Curso de ineptitud 3.5
Se supone que aquellas personas que ocupan cargos administrativos altos dentro del ámbito ya sea laboral o estudiantil, han alcanzado su status a raíz de su calidad como profesionales, cuentan con una sólida experiencia que avala el que hayan sido seleccionados para un cargo de no poca importancia. Quizás al leer esto alguno dirá “ilusa”, pues bien, asumo que lo soy, pero hasta hace poco, ya que me di cuenta, quizás de una forma no muy agradable, que el hecho de llamar a alguien Docente de Pregrado no implica que este individuo sea mentor en lo que hace.
El año pasado, dentro de mi malla curricular, tenía que lidiar con un curso de Química Orgánica, al principio no pensé que se me vendría encima tantas complicaciones con éste, pero por unas cuantas décimas no pude pasar el ramo, algo no tan horrible dentro de la cotidianeidad de un ente universitario. Mis opciones eran 2, darlo en enero o esperar al año siguiente, opté por lo primero, desgraciadamente no consideré que el cansancio acumulado de un año entero pesa a la hora de seguir en clases durante el verano, bueno, de los errores se aprende. El punto es que decidí entonces darlo este 2 semestre.
Coincidentemente este año apareció un nuevo ser en mi facultad, la Docente de Pregrado, quien reemplaza a quien por 12 años (quizás más) cumplió con ese rol de manera ejemplar. Durante esas clases de enero y en alguna oportunidad del primer semestre esta señora supo por nuestra boca de la situación referente al famoso curso (situación que, hasta hace poco supe, viven unas 20 personas) y en esas ocaciones nos decía “no se preocupen, tómenlo el segundo semestre y nos arreglamos para hacerles una sección aparte” o como nos dijo un vez “tómenlo en cualquier carrera si se trata de la misma química y yo les pido vacantes”. Con una solución tan adorable, esta ilusa creyó en sus palabras, considerando que se trataba de una persona entendida en la materia, pero para mi desgracia, el panorama se fue poniendo color de hormiga estas últimas semanas.
Tranquilamente almorzaba en el campus cuando la música de Los Simpsons en mi celular avisaba que alguien llamaba, fue la primera piedra que echó a rodar todo un cerro de planes; me avisaron que si no hablaba ipso facto con la tal Docente, me eliminarían de dos cursos que me topaban con Química. Más que rápido pedí una explicación pues no entendendía nada; entré a la oficina de esta señora y con una cara de no muchos amigos me dice que no avalará la toma del ramo porque topa con otros cursos, lo cual ella nunca supo (extraño…considerando que ella se debe saber todos los horarios de la escuela) y que quería escuchar nuestras ideas sobre qué hacer. Se supone que en un DIÁLOGO son dos las personas que hablan, no una que habla y se niega a entender las razones del otro, en fin, para que tengan una idea de cómo fue el trato (no era yo precisamente quien hacía oídos sordos).
Mis alternativas se cerraron a 3: a) botar los cursos que me topaban este semestre, dar Química y atrasarme un año; b) dar química en el verano y si lo apruebo no me atraso (apetitoso camino, pero ya sé lo que es dar un curso en verano…); y c) darlo el próximo semestre, rellenar con cursos de formación general y de profundización (porque a todo esto no puedo pasar a 3 año sin tener todo aprobado a la fecha) y atrasarme un semestre.
Para no alargarme tanto en la historia, resumiré contándoles que aparecieron más piedras en el camino, muchas piedras… así que tras usar comodín de llamado telefónico (mis padres) decidí dar como respuesta definitiva la alternativa c).
Como ya caí una vez en la ilusión de creer que la gente realiza su trabajo con prestancia, se acuerda de los problemas que aquejan a quienes están bajo su alero y no te dan falsas esperanzas, perseguí a la Docente para confirmar que sólo me atraso un semestre y no más, me gustaría hacerle firmar un papel menos ordinario que la hoja de papel con flequillo que ella nos hizo firmar para “tener constancia” que no daríamos el curso este año, para estar yo tranquila que el camino a seguir es el mejor para mí. Pedí una entrevista para el lunes pasado, llegué puntual y qué creen… nunca me recibió, estaba en reunión y cuando salió yo tenía clases así que no podía faltar. Le mandé un correo para al menos salir de mis dudas, el cual recién hace pocas horas me contestó diciéndome “lástima que no te quedaste, volví al ratito” (creo que dos horas y más, no es un ratito) y dispuesta a contestar mis inquietudes durante hoy pues estará en su oficina. Sinceramente no sé si tiene caso ir, pero sopesando la importancia del tema creo que iré antes de clases y sacrificaré el almuerzo (si es que ella también lo hace).
Nota mental: ser nuevo en algo no es significado de ineptitud, y además no confiar más en la supuesta eficacia con que la gente debiera realizar su trabajo, porque como ya aprendí de sobra hay quienes se nutren de poder, de status, y pasan sobre los demás como si fueran meros títeres que penden de sus hilos de inoperancia.









