Archivos mensuales "October, 2003"
Oct
13

El Primer Paso

By Lee  //  Posts  //  Sin comentarios

La semana pasada significó dos cosas para mí: el inicio de mi experiencia clínica y días con mucho sueño…Hasta ahora no he hecho demasiado, pero como dicen por ahí, por algo habrá que empezar. Me asignaron al Sótero del Río, un conocido hospital público que queda por el paradero 30 aprox. de Vic. Mackenna, o sea, a unos 45 minutos en micro (nótese “sin taco”). Allá tenemos que vivir lo que en mi escuela llaman la Experiencia Niños, porque justamente vamos al edificio de Pediatría, específicamente al de Cirugía. Somos un grupo de 6 alumnos, cada uno con su sala, a mí me tocó la sala de traumas, me encuentro allí con todos los pequeños hiperquinéticos que se cayeron del árbol, del techo, lo empujaron en el recreo, se sacaron la m..ugre en gimnasia, etc. A veces hay alguna “visita” que no es traumático, si no con reciente operación al apéndice o a las amígdalas, por ejemplo. El punto es que la mayoría de estos niños, por no decir todos, llegan al hospital y tras operarse, generalmente el mismo día, están otro día más en observación y se van. Por lo mismo, el contacto que puedo entablar con ellos nunca es más de 2 días, bastante poco si consideran que en ese tiempo, que tampoco es todo el día si no de 8:30 am a 12:30 pm, tengo que acercarme a los niños, conocer su entorno, desarrollo biopsicosocial, examen físico, etc. Digamos que tengo desventaja al lado de mis compañeras que tienen más días a sus pacientes y pueden hacer su trabajo con calma.

El primer día que fui al hospital, estaba de punta en blanco y azul marino con mi traje de enfermerita, y una de mis compañeras me dice “tienes una cara impresionante de enfermera pediátrica”. Me tomó un tanto desprevenida el comentario, pero tomando en cuenta que a estas alturas de la carrera es precisamente esa la especialidad por la cual quiero seguir, me lo tomé con bastante alegría. A qué se debieron sus palabras…moya…

Tras un recorrido por toda Pediatría, incluyendo el ala destinada a oncología (hay que tener nervios de acero para ver a un niño terminal y permanecer inmuta), entré a mi sala, me presenté a la auxiliar de turno y me dediqué, por ser primer día, a conocer un poco a los niños. Ahí me encontré con 6 niños, 5 de los cuales se iban ese mismo día, el otro en cambio, se iba al día siguiente, como yo tenía esperanzas de poder basar mi trabajo en él, me enfoqué en el Pedrito, un chicuelo de 6 años, sin hermanos, con sus papás separados y mimado por su abuela como él sólo. Al principio me pescó poco y nada el chiquitito, pero conversé con su abuela y me armé una idea. Al otro día llegué y estaba solo, no era horario de visitas (no puedo creer que impidan a los padres ver a sus hijos cuando ellos quieran, más encima entrar de a uno) y como me reconoció logré entablarle conversa (no es muy fácil, aunque por suerte no es un problema significativo para mí). El resto de los niños, todos nuevos en la sala, eran más grandes que él, así que en ese sentido era el más afectado por la hospitalización, me refiero al estar solito. Cuando trataba de habalr con los demás, digamos para no marcar preferencias, no me dejaba de hablar, ahí noté que me necesitaba, fue una sensación bien extraña…con esa situación de a poco le di vueltas al cuento de que las enfermeras no son sólo poner inyecciones o sacar chatas, si no que hay un trasfondo social con el paciente, una delgada línea que no debemos romper y que separa el profesionalismo de lo emocional. En teoría no podemos tratarnos afectivamente con los usuarios, pero dudo bastante de si debemos aplicar eso con los niños, o sea, cuanto más profesional seas con ellos, más te verán como una persona totalmente ajena a su realidad y por eso te cierran el paso, no los puedes ayudar, en síntesis, empeoras su paso entre aquellas paredes frías, en una habitación con aroma a anestesia y rodeados de extraterrestres color blanco Omo. Bastantes cambios haría yo en las restricciones de visitas, la implementación de las salas (no hablo de poner un Play Station por cada cama, sino de hacer más acogedora su estadía, más infantil), y otras tantas cosas que no son difíciles de pesquizar, tan sólo hablando unos minutos con esos niños, sabes qué es lo que más necesitan, no sólo que les pongan suero, que les saquen rayos X, que les tomen la presión, etc., sino que requieren sentirse niños durante ese tiempo, más largo para unos que para otros. Reconozco ser media Patch Adams en ese sentido, pero es que no me puedo quedar sin decir algo cuando veo un niño llorar, menos aún si eso se soluciona haciendo cositas simples.

Me queda su buen resto de días en el Sótero, yo creo que me falta mucho por ver en esta parte de la práctica, luego me toca adulto en el Hospital Clínico UC (lo cual me hará pensar mucho en mi papá, así como también en las grandes diferencias entre ambos hospitales). Pero a fin de cuentas ya hice lo más importante, o mejor dicho, lo necesario para bajar la palanca y decir “bienvenida a tu área”, ya me puse el uniforme, empecé el training de madrugar para el cambio de turno y recordar lo que es tomar micro…(por eso amo el metro), o sea, cumplí con el primer paso a lo que mi futuro trae, aunque estoy totalmente consciente, que las pruebas de fuego que ponen a prueba mi vocación, sólo recién empiezan.

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