Raconto con sabor a niñez
Para variar el tiempo me jugó en contra, hace muy poco terminé la práctica clínica y con ello mi libertad para saciar mi humilde apetito escritor ha retornado.
Este año se traduce para mí, en múltiples giros, sobretodo en lo que respecta a mi “reencuentro” paterno, porque mi familia retornó finalmente al querido Santiasco y de esta manera viviré con ellos tras 2 años de larga espera. Dentro de todo lo que significa volver a levantarse cada día sabiendo que en el desayuno te encontrarás al menos con tu papá, hay otro aspecto que otorga un matiz distinto a este reordenamiento de cosas, es el hecho de volver al lugar donde viví los primeros 14 años de mi vida, donde lo primero que se viene a mi mente cada vez que voy son las caminatas a pleno sol de verano tras salir de la escuela y las teleseries protagonizadas por Barbies que montaba con mi amiga en el jardín, todo, desde el olor a pasto mojado hasta el sonido del heladero tipo 3 de la tarde, me traen a la mente nítidas imágenes y sensaciones de cuando era niña. Qué extraño me resulta entonces pensar que mi vida ahora se vuelve un verdadero raconto, dado que vuelvo a vivir con los seres que más quiero en este mundo (aparte de mi amado Felipe) y además regreso al lugar donde surge una Elizabeth de 12 años.
En la casa de mis abuelos, viví más tiempo que en ningún otro sitio, recordaré que viví sólo 4 años en La Serena, y como es de esperarse, conocí muchísima gente allí (digo muchísima porque al menos cuando se es pequeña, el simple hecho de encontrarse con alguien por la calle significa que ya es tu amigo) Obviamente, las veces que he ido ahora, el escenario cambió al menos a mi vista, porque la vecina con la que jugaba ya no vive ahí, los perritos que me iban a saludar tampoco existen, la casa de al frente ya no la puedo visitar como si fuera mía porque no están mis abuelos maternos, y todos los que alguna vez conocí de baja estatura, ahora son de mi porte. Desconozco si durante mi ausencia, el lugar y su gente hayan cambiado sustancialmente, o bien, fui yo la que desaparecí en el episodio de madurez que la vida nos regala en la adolescencia, el punto es que ya antes de irme allá, siento que invado un terreno que alguna vez era como el patio de mi casa, la verdad no estoy segura de cómo se enfrentarán el medio ambiente y la Elizabeth de 19 años, lo ideal es que se acepten, pero no estoy segura de que así ocurra, no por rechazo mío, al menos eso creo, sino porque lo que alguna vez fue océano, ahora sea un cúmulo de montañas con mariscos fosilizados.
La historia humana en su totalidad se debe a cambios, sin ellos seríamos los mismos homo sapiens que alguna vez poblaron la Tierra, pero aún así hay personas como yo que temen a muchos cambios unidos, porque la verdad cuando son cambios paulatinos, los tolero con bastante facilidad, pero no puedo evitar sentirme un tanto indefensa a lo que se me viene ahora, no tan sólo por todo lo que ya he dicho, sino también porque en cuanto a estudios atravesaré una trecha más decisiva.
Tengo confianza en que mi relación con Felipe seguirá creciendo como hasta ahora, que este año me irá bien en la U, que mi nuevo hogar me traerá alegría y tranquilidad, al igual que el volver a vivir con mis papás y mi hermana, con ellos cierro un círculo que estuvo por mucho tiempo sin completarse. En si, quiero creer que todos los cambios son para mejor y que no colapsaré ante ellos ni ellos ante mí.
Violeta Parra dijo “cambia… todo cambia”, pero se olvidó agregar que hay ciertas cosas que no cambian, son aquellas que nos hacen ser nosotros y no otras personas, aquellas que aunque pasen años nos hacen recordar que dejamos plasmado en algún lugar del mundo nuestra estela, aquella misma sensación que ahora me hace apaciguar el temor al torbellino de cambios y que me recuerda que hay un alma o como quieran llamarle, que permanece indómita al paso del tiempo, que es la misma que brilló en la Metecilla de 5 años, en la Lichita de 10, en la Ely de 15, y en la Lee de 19, y sin duda alguna, la misma que resplandecerá en la Sra. Elizabeth de unos 20 años más.
