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En el resto del grupo salieron símbolos de todo tipo: volcanes, carteras de colores, celulares, espejos, cámaras fotográficas, pero por sobretodo árboles, por todo el cuento de estoy a mitad de la vida, me quedan más raíces por echar, necesito más conocimientos para nutrirme y otras sartas filosóficas, algunos demostraron un magíster en psicoanalítica, pero no fue mi caso, de hecho al final del show consideré bastante infantil mi símbolo… anyway… es lo que hay. Igual ahora se refieren a mí como “el gatito”… y a mucha honra Y si ustedes tuvieran que escoger un objeto que los simbolice… cuál escogen y por qué?
). A cargo está la profe más buena onda de la escuela, tía Castellano. Por eso no me extraña que para conocernos, se le haya ocurrido una de esas técnicas rarúficas y psicológicas. La idea, en vez de decir hola, soy Juanito Pérez, era escoger un símbolo que nos identificara y explicar el porqué. Después de unos minutos, comenzaron las presentaciones. Como nadie se ofrecía para partir, me tiré primero a la piscina (esa loca costumbre de ser la primera cuando nadie se atreve…) Mi símbolo tenía poca complejidad (más tarde caí en eso), escogí un gatito (nótese gatito…no gato… y menos gata… se presta para mal entendidos… jijiji)
Y las razones… por una parte, me asocian a los gatos… en el liceo, una profe de inglés, la Miss Veragua, le dijo a una amiga mía la Elizabeth es como tan delicadita… parece una gatita… me dió mucha risa cuando supe, pero se me quedó grabado el comentario, además, cuando era chica en mi familia me decían Garfield, por lo buena para dormir y lo poco hacendosa…jajaja.
Y por otra parte, no es secreto para nadie que amo a los felinos, y la personalidad de los mininos me fascina… son independientes, pero también necesitan el cariño de los demás (al menos los gatos que yo he tenido), se dejan querer, son juguetones, tiernos, tienen un sexto sentido que los hace muy perceptivos, tienen buen equilibrio y son de movimientos coordinadísimos, duermen harto, son inteligentes, dicen cosas con la mirada, comen de a poquito (aunque hay excepciones
), son amorosos si los tratan bien, tienen una sonrisa dibujada en su cara, son misteriosos, cuando se enojan… se enojan!!, tienen uñas largas (bueno, garras :p), entre otras características que podría nombrar eternamente. Eso sí, hay dos cosas en las que diferimos: yo no soy carnívora y tampoco traiciono (aunque personalmente, nunca he conocido gatos traidores como dice la gente que son)
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Mi salsa de soya vendría siendo la vanidad, porque hasta cierto punto es bien recibida, nadie puede decir que le importa un rábano el cómo luce por la vida, unos se echan una manito de gato, otros al gato entero, yo al menos lo acepto como una especie (o especia si seguimos en la línea culinaria) de placer culpable, no soporto salir sin darme el visto bueno… cuando entro temprano a clases, prefiero omitir desayuno y ocupar los 50 minutos que tardo en salir en la dinámica de ducha – vestirme – revisar si combinan los colores – dejar mi pelo lo más liso posible – echarme cremas y perfumes – y finalmente lanzar una mirada de aprobación al proceso frente al espejo. (menos mal que no me maquillo… si no me demoraría más todavía Y mi vinagre de manzana, son los celos. Hace años leo en horóscopos y cosillas astrológicas que los géminis somos celosos, pero recién hace unos años caigo en que Por fortuna no he descubierto en mí salsas de ají picante, los aderezos que me aliñan creo que son aceptables en su justa medida, a veces hasta apetitosos, y si en el camino encuentro alguno, mandaré mi queja al chef para mejorar el menú… Bon appetit!
) No es lo que más me enorgullece, porque más de una vez termino llegando tarde a todos lados por dejar tranquilo al Pepe Grillo del look, me analizo horas pensando en si en verdad estoy anorexizándome como ultimamente me dicen o es la pseudo obsesión por el peso que me está distorsionando la mente :S. Por eso, cuando la vanidad se me escapa de las manos, me resulta desagradable, tal como la salsa de soya es muy salada en exceso.
quizás tenían razón. Soy del tipo de celosas de amplio espectro y acción silente. No siento celos sólo por pareja, sino también por mis amigos; no hago escándalos (siempre digna) y la mayoría de las veces no lo hago saber (al menos no con palabras). El otro día una amiga me dijo si tu pololo sale a almorzar con una amiga (insoportable por lo demás)… que sentirías?, yo le respondí que si bien me picaría harto, no le digo ni pío, porque eso le da terreno para hacerme show cuando la que sale a almorzar con amigos sea yo, además debo ser consecuente, porque siempre le he dicho a mi pololo que salga con sus amistades, sean hombres o mujeres, hay que aprender a cultivar el metro cuadrado, de lo contrario las relaciones se vuelven absorbentes, monótonas y terminan asfixiando. Aunque sea celosa, mi Felipe no me puede reclamar… él también lo es, claro que más que yo (hasta él lo reconoce), pero de a poco los ha aprendido a manejar, porque son nocivos… A nadie le gustaría que le armaran un melodrama por celos… Pero así como el vinagre de manzana, si es poquito, la de un toque rico a las verduras, una dosis chiquita de celos cae bien, porque sabes que te valoran, que no te quieren dejar ir.
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De Constantine, lluvia y poesía renacentista

Aunque sí sabía algo, que en realidad era imposible no saberlo, la protagoniza Keanu Reeves, quien tenía la intención de sacarse de una vez por todas el estigma del mítico Neo. Para ser franca, le está resultando… pero le falta… es que (para no dar mucha información a los que aún no la ven) la película juega mucho con la fantasía, el bien y el mal, no tiene trama de un día común y corriente, en ese sentido la capa negra del Elegido todavía la reluce. Pero hay algo distinto y que merece crédito; según yo, en Matrix el ícono visual cobra más peso que el personaje, probablemente si un Juan Pérez encachado y bien top, hubiera interpretado a Neo, con los mismos trajes y todo, la diferencia con Keanu habría sido cero. Pero, en Constantine, Keanu tiene más dominio del personaje, su parlamento tiene más relevancia que en su trilogía precedente, en otras palabras, en Constantine, Reeves tiene más solidez como actor, con todas sus letras, no sólo como el mijito rico que es (soberana pérdida en la esfera heterosexual).
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